Elena y su peor enemigo

bdd2

El despertador suena, mi día está por iniciar. Debo vestirme para ir al colegio, a pesar de haber tapado, roto y eliminado todos los espejos de mi habitación, sigo viendo mi reflejo en la ventana mientras me preparo. Odio mirarme , pero al mismo tiempo no puedo dejar de hacerlo. Veo un monstruo. No quiero salir, se que todos me van a mirar, todos van a hablar de mi, se van a reir. Me pregunto constantemente qué pasó? Por qué cambié?, cuando era niña era perfecta, siempre fui la más lista y hermosa de casa, pero ahora soy horrible. Mis padres me esperan para desayunar, ellos no saben el dolor que siento. Mis padres me miran, en sus ojos veo solo decepción y crítica, a pesar que me siguen diciendo que hoy estoy linda. Ellos me mienten porque me quieren, dicen que soy linda, que salí bien en esta foto… yo se que es mentira…

El colegio es terrible, siento las miradas de todos sobre mi, me pregunto: están fijándose en mi nariz? Se dieron cuenta de las cicatrices del acné que se apoderó de mí desde hace algunos años?. Se ríen de mí, de quién más podrían estar burlándose, no existe otro ser tan desagradable como yo. Siento una necesidad incontrolable de revisar si mi maquillaje sigue en su lugar o si se corrió y por eso ríen. Necesito un espejo o algo en que mirar, algo que me diga la verdad: soy tan fea?. Cuando por fin logro tomarme una selfie sin que nadie se de cuenta, empiezo a enumerar todos mis defectos, no veo nada más, solo defectos!; la borro enseguida, antes que alguien más la vea. Cuanto odio las fotos! Mis amigas son perfectas, tienen dientes perfectos, cabello perfecto, sus rostros son simétricos y en las fotos salen hermosas. En cambio yo, yo tengo los ojos de tamaño diferente, mi piel es grasosa, mi nariz es enorme! La mitad izquierda de mi rostro es diferente a la mitad derecha! Soy un monstruo.

No quiero hablar con nadie sobre esto, no quiero que me juzguen como vanidosa y superficial. Solo quiero estar en mi habitacion y no salir mas (Elena, 16 años).

Para Elena, como para el 1 y 2 % de la población mundial, el espejo se ha convertido en su peor enemigo. Ella sufre en silencio del llamado Trastorno Dismórfico Corporal (TDC). Muchas veces este trastorno es subestimado y erróneamente confundido con simple vanidad. La vergüenza de parecer “superficial” hace que no se hable sobre el problema. Sin embargo, este trastorno es mucho más común de lo que pensamos y genera más daño del que imaginamos. Este artículo está dedicado a todas aquellas personas a quienes la imagen que ven en el espejo les causa dolor, angustia y sufrimiento, y que no se animan a buscar ayuda.

De qué se trata?

El Trastorno Dismórfico Corporal está relacionado con el concepto de autoimagen. La autoimagen es aquella representación que nos hacemos sobre nosotros mismos, es decir, a la manera cómo nos vemos a nosotros mismos, cómo nos ven los demás y cómo pensamos que nos ven los demás. Esta información la almacenamos a lo largo de nuestra vida.

Junto a la autoimagen está la autoestima o la valoración que hacemos sobre nosotros mismos. Naturalmente, todos hacemos juicios de valor sobre quienes somos, comparamos nuestro “yo real” con un “yo ideal” que nos hemos creado. Mientras más amplia sea la brecha que separa a nuestro “yo ideal” con nuestro “yo real”, menor será nuestra autoestima y autoconfianza (si quieres saber más sobre la autoestima puedes hacer click aquí).

Nuestra autoimagen siempre va a ser el resultado de la interpretación que hacemos sobre lo que percibimos, por lo tanto es algo subjetivo y no objetivo como puede parecernos a simple vista. Cuando vemos una imagen en el espejo, esa información viaja por nuestro sistema nervioso y es nuestra mente la que la interpreta y le da sentido. Esto lo hace en función de nuestras creencias básicas, experiencias y expectativas (si quieres saber más sobre las expectativas haz click aquí).   

Según Veale (2004), la persona con TDC ha objetivado su cuerpo y su ser persona; es decir, se ve a sí misma como un objeto estético y no como un ser global. Su autoimagen está limitada a aquella parte de su cuerpo que detesta. Su atención es selectiva, mira solo defectos. Al ser algo físico, tiene la idea equivocada que al cambiar esta parte, con cirugías plásticas por ejemplo, podrán por fin tener paz. Sin embargo, ese estado de belleza ideal nunca se alcanza, después de una cirugía encontraran otro defecto, ya que el problema no reside en el cuerpo, sino en lo que perciben sobre su cuerpo. La idea de tener un defecto físico les genera una preocupación excesiva, a pesar que muchas veces ese defecto es imaginario o su preocupación es más intensa de lo esperable.  

¿Cómo empieza?

Este trastorno tiene su inicio, en la mayoría de los casos, durante la adolescencia. Afecta por igual a hombres y mujeres. Está ligado a un aumento de la preocupación por la imagen corporal. Aún no se ha descubierto una causa específica, por lo que se considera que es el resultado de varios factores, entre estos tenemos:

  • Experiencias de abusos, maltratos y abandonos, especialmente humillaciones relacionadas con su aspecto.
  • Ser o haber sido víctimas de bullying, aislamiento o rechazo social.
  • Tener figuras de referencia (padres, profesores o entrenadores) hipercríticos y perfeccionistas
  • Historia familiar, es decir, parientes cercanos que padecen TDC
  • Baja autoestima
  • Tener rasgos de personalidad perfeccionista, introvertida, ansiosa.
  • Tener una historia de problemas físicos y/o dermatológicos.

¿Como se mantiene?

De acuerdo con el modelo teórico propuesto de Veale (2004), un evento externo como mirar el propio reflejo en una ventana o escuchar a los compañeros reir, desencadena la urgencia de mirarse y chequear si los “defectos” son visibles; sin embargo, su atención selecciona -o se focaliza- únicamente en los aspectos que la persona considera que son defectos. Entonces se fija en su nariz, busca si ha aparecido una nueva espinilla, etc. El resultado de este estudio de su propio cuerpo -como si fuera un objeto cualquiera- lleva a la persona a hacer una evaluación negativa del mismo, impactando su estado de ánimo. La evaluación negativa es difìcil de parar -rumiación-, ya que usualmente se ve alimentada por una tendencia a compararse con las demás personas. Esta percepción distorsionada de su cuerpo desencadena conductas de evitación (como encerrarse en la habitación, abandonar el aula de clases, etc) o intentos desesperados por camuflar su cara o cuerpo en general con maquillaje o ropa. El siguiente paso es buscar un espejo que le permita ver si ha conseguido su objetivo, sin embargo, este chequeo da paso a un nuevo ciclo.

Las personas con TDC tienen a desarrollar conductas compulsivas o rituales como mirarse en el espejo, tomarse fotos y luego borrarlas, hacerse limpiezas faciales; muchas de estas conductas alivian la ansiedad temporalmente pero al mismo tiempo refuerzan las creencias disfuncionales sobre una apariencia física defectuosa. Este rasgo del TDC ha hecho que se lo incluya en el “espectro obsesivo compulsivo”.

En el siguiente esquema (Veale, 2004) podemos observar claramente este proceso:

cuando-el-espejo-miente-2

¿Cual es el riesgo?

Debido a que su valía personal está ligada a la percepción que tienen sobre su apariencia, las personas con TDC tienden a ser muy críticas y exigentes consigo mismas, lo que empeora aún más su baja autoestima. Otro de los problemas que pueden presentarse durante el curso del TDC es el aumento de las conductas evitativas; al ser una conducta evitativa común el dejar de salir con los amigos o no querer frecuentar más el colegio, la persona puede entrar en un estado de aislamiento y soledad profundos.

Como hemos visto en este artículo, el TDC no es simple vanidad. Actualmente, este trastorno ha llamado la atención a los estudiosos de la salud mental, debido a su complejidad y a la gran tendencia a cronificarse y a desencadenar otros trastornos como: depresión, ansiedad social, trastornos alimenticios, trastorno obsesivo compulsivo, trastornos de personalidad, entre otros. Además hay un alto riesgo de ideación y comportamientos suicidas y/o autodestructivos.

¿Qué hacer si sospecho que tengo TDC?

Lo primero que se debe hacer si se sospecha de tener este trastorno es buscar ayuda. Un diagnóstico e intervención temprana es la clave para recuperar la capacidad de amarse y aceptarse a sí mismos.

La terapia cognitiva conductual ha demostrado tener buenos resultados en este tipo de trastornos. Generalmente, esta se focaliza en el análisis y reestructuración de los pensamientos distorsionados, también incluye ejercicios de exposición gradual y prevención de conductas evitativas.

Como vimos anteriormente, en algunos casos, puede presentarse junto al TDC un cuadro depresivo u otros trastornos; por lo que es importante que un profesional evalúe la necesidad de incluir un tratamiento farmacológico.

Si es algún familiar quien sufre de TDC podemos:

  • Reconocer y aceptar, sin juzgar, los sentimientos que las personas con TDC presentan. No debemos intentar convencerlas que no tienen ningún defecto. Pero, al mismo tiempo no menospreciemos sus preocupaciones viéndolas como simple vanidad o egocentrismo.
  • Estar abiertos al diálogo, una escucha activa y empática puede ser de mucha ayuda para los momentos de mayor preocupación. Dejarlos expresar sus miedos, angustias y emociones, les dará alivio y se sentirán apoyados.
  • Celebrar junto a ellos sus logros, como: conseguir romper el ciclo, cambiar un pensamiento, parar la rumiación, enfrentar sus miedos, hablar sobre ellos, etc. También respetar sus espacios y no ofenderse si en un momento dado prefieren estar solos.
  • Aprender sobre el TDC, entender que situaciones desencadenan una crisis y acompañarlos a enfrentar poco a poco cada una de ellas (bajo la dirección del terapeuta).
  • Motivarlos a hacer cosas que disfrutan y que no estén relacionados con la apariencia física. De manera que puedan contar con una fuente de refuerzos positivos que mejorará su autoestima.
  • Acompañarlos en la búsqueda de ayuda profesional. Además, buscar apoyo para ustedes mismos, ya que puede resultar desgastante y estresante el dar apoyo a un pariente o amigo con TDC. Existen grupos de apoyo para familiares, los que generan un espacio donde compartir sus propios miedos y frustraciones.

Referencias:

Veale, D. (2004). Advances in a cognitive behavioural model of body dysmorphic disorder. Body Image ,1, 113-125.


Deja un comentario